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domingo, 11 de noviembre de 2018

COMO SANARSE EMOCIONALMENTE DESPUÉS DE UN CANCER


COMO SANARSE EMOCIONALMENTE DESPUÉS DE UN CANCER



Para los sobrevivientes de cáncer, la curación solo comienza cuando termina el tratamiento.

El tratamiento para el cáncer es un camino largo y sinuoso. También es una montaña rusa emocional. Desde el momento del diagnóstico inicial, inyecta un fuerte elemento de ansiedad en pacientes y familiares por igual. 

El tratamiento del cáncer a menudo es un viaje confuso que está lleno de decisiones difíciles. Muchas cosas pueden pasar en el camino. Y si conduce a una "cura", ese proceso generalmente incluye efectos secundarios y duraderos. 

Después de un extenso tratamiento para el cáncer, las personas se suelen sentir  emocional y físicamente agotadas. Muchas de ellas puede haber superado el cáncer, pero no estar “sanadas” emocionalmente.

La gran mayoría de los pacientes se enfrentan a una "nueva normalidad" que puede incluir fatiga crónica, dolor, debilidad y depresión .
Pero uno no tiene que aceptar esta "nueva normalidad". Más bien, es posible curar, sanar en muchos niveles y recuperar la vitalidad que muchos pacientes disfrutaban antes de enfermarse. 


Hay dos maneras de sanarse para los que sufren enfermedades: de dentro hacia fuera y de fuera hacia adentro.

Te voy a poner dos ejemplos:

1.           Usar tu mente para sanarte a ti mismo.
       Se ha encontrado que la meditación en muchas formas diferentes alivia el estrés, la depresión, el dolor y el insomnio.

2.           Usar el amor  propio para sanarte a ti mismo. 
Hay varias estrategias útiles y prácticas que  Incluyen cosas como aprender a dibujar o tejer, hacer rompecabezas o tocar un instrumento  musical.
Por muy simples que puedan parecer estas ideas, hacen que después o durante la enfermedad puedan llegar a llevar una vida mas equilibrada emocionalmente. 

El proceso de sanarse emocionalmente después o durante una enfermedad no es un camino fácil, uno mismo debe esperar encontrase baches y surcos en ese camino. Esa misma realidad debe hacer que nos hagamos cargo de la sanación emocional propia y de su importancia.  

Mayka Menacho Terapeuta Transpersonal y Tanatóloga.
Información de consultas: 644 267 361
maykamenacholopez@gmail.com
infopraerecreando@gmail.com
www.terapiatranspersonalzaragoza.com
www.praerecreando.org

lunes, 9 de abril de 2018

¿PODEMOS PREPARARNOS PARA LA LLEGADA DE LA MUERTE?


¿PODEMOS PREPARARNOS PARA LA LLEGADA DE LA MUERTE?


Durante el curso de la vida y antes de la muerte definitiva del cuerpo físico y del consiguiente “yo-personal”, experimentamos numerosas pérdidas; cada una de éstas representa una “muerte” que, de alguna forma, nos recuerda la última despedida y que permite, al mismo tiempo, familiarizarnos con lo que significa morir.

“Prepararnos para la muerte es uno de los actos más profundamente sanadores de la vida”. -Stephen Levine-

En este sentido, sucede por ejemplo que el niño un día muere a su antigua identidad y se da cuenta de que sus padres no son “él” y que el mundo no gira exclusivamente alrededor de él.

Del mismo modo, cuando el adolescente experimenta por ejemplo la pérdida del primer amor, se siente morir; pero de las cenizas del dolor pronto renace otra identidad, una identidad de nuevo más madura e independiente

 Y así sucesivamente a lo largo de las diversas etapas de la vida, un camino durante el que afrontamos pérdidas en las que la antigua identidad muere, para dar nacimiento a una nueva.

Lo mismo sucede con nuestro cuerpo físico: nos da la sensación de que siempre tenemos el mismo cuerpo, un cuerpo que a nuestros ojos simplemente cambia su forma con el paso del tiempo. Pero en realidad, el cuerpo también experimenta la muerte desde el mismo momento en el que nacemos: las células mueren, dando lugar al nacimiento de otras.
 De hecho, sucede que aproximadamente al cabo de siete años, nuestro cuerpo físico se ha renovado totalmente, lo que significa que ni una sola de los billones de células que lo constituyen es la misma célula que siete años atrás.

Desde esta perspectiva, no se puede negar que la muerte nos acompaña desde el nacimiento; vida y muerte, aunque nos parezcan dos realidades opuestas, son en realidad inseparables: la una no se puede concebir sin la otra.

¿Por qué sucede, entonces, que cuando la muerte llama a nuestra puerta, ya sea porque ahora es a nosotros a quienes nos toca recibirla, o bien porque la muerte de un ser querido está próxima, tendemos a sentir que “no es el momento”…, que todavía es “demasiado pronto”…?

 Parece que la muerte a menudo llega demasiado pronto, pero recordemos que en realidad ésta nunca dejó de anunciarse.

“Los hombres vienen y van, trotan y danzan, y de la muerte ni una palabra. Todo muy bien. Sin embargo, cuando llega la muerte – a ellos, a sus esposas, a sus hijos, a sus amigos… – y los sorprende desprevenidos, ¡qué tormentas de pasión no los abruman entonces; qué llantos, qué furor, qué desesperación!

Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a lo común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte.

 No sabemos dónde nos espera la muerte; así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad.

El hombre que ha aprendido a morir, ha desaprendido a ser esclavo.”
–Montaigne–

Quizás la pregunta que nos debiéramos hacer, sea:
¿Podemos realmente “hacer algo” para sentirnos más preparados ante la inevitable llegada de la muerte?